Hola a todos, Roberto por aquí.
Hoy quería charlar un poco sobre un tema que me toca de cerca y que, creo, muchos hemos vivido o estamos a punto de vivir: el salto al rol de Senior developer. Recuerdo perfectamente cuando me ofrecieron mi primer puesto Senior. La verdad, me invadió una mezcla de emoción, orgullo y, para qué negarlo, un poco de pánico. Sentía que había llegado a la cima, que mi código tenía que ser impecable, que cada línea que escribiera debía ser una obra maestra de eficiencia y elegancia. Pensaba que mi valor como Senior se mediría puramente por la calidad técnica de mi trabajo individual. ¡Qué ingenuo era!
Mi experiencia con el 'Senior' idealizado
Cuando aterricé en ese primer puesto Senior, mi cabeza estaba llena de ideas preconcebidas. Creía que ahora, como Senior, mi principal misión era ser el “solucionador de problemas” definitivo, el que desatascaba cualquier código complejo, el que hacía las refactorizaciones más audaces. Y ojo, no es que esas cosas no sean importantes, claro que lo son. Pero lo que no entendía en ese momento es que eran solo una pieza del puzzle, y ni siquiera la más grande.
Al principio, caí en la trampa de querer controlarlo todo. Me metía en cada pull request, buscando el menor detalle para sugerir una mejora, a veces obsesionado con micro-optimizaciones que apenas tendrían impacto. Me costaba un mundo delegar tareas que consideraba “complejas” porque pensaba que yo las haría “mejor” o “más rápido”. El resultado era que acababa sobrecargado, estresado, y mi equipo, en lugar de sentirse empoderado, a veces se sentía un poco ahogado o poco confiado en sus propias capacidades.
También recuerdo un proyecto en particular donde me obsesioné con reescribir un módulo de caché que, aunque funcionaba, a mi parecer no era “perfecto” en términos de patrones de diseño. Pasé días en ello, cuando en realidad, había un compañero de equipo con problemas para integrar una API externa crítica, y otro que necesitaba orientación con la arquitectura de un nuevo microservicio. Mi foco estaba tan puesto en el código individual, en esa perfección técnica, que no vi el panorama completo. No vi dónde mi valor podía multiplicar realmente el esfuerzo del equipo.
¿Por qué el rol Senior va mucho más allá del código?
Con el tiempo y un par de golpes de realidad, empecé a entender. Ser Senior no es solo sobre escribir buen código; es sobre construir equipos que escriban un código excelente. Es sobre crear un entorno donde la calidad del software prospere, donde los problemas se resuelvan de manera colaborativa y donde el conocimiento fluya libremente. Mi valor real ya no estaba solo en la cantidad de líneas que yo codificaba o en la brillantez de mis algoritmos.
Empecé a ver que mi impacto era mucho mayor cuando me dedicaba a:
- Mentorear: Ayudar a los compañeros menos experimentados a crecer, a entender por qué hacemos las cosas de una determinada manera, a guiarlos en su proceso de resolución de problemas sin darles la solución directamente.
- Desbloquear: No solo el código, sino las personas. Ser un puente entre el equipo técnico y product managers, diseñadores, o incluso otros equipos. Traducir conceptos complejos y asegurarse de que todos estén alineados.
- Pensamiento estratégico: Mirar más allá del sprint actual. Pensar en la arquitectura a largo plazo, en la deuda técnica, en la escalabilidad, en la mantenibilidad. Cuestionar el “por qué” de una funcionalidad antes de saltar al “cómo”.
En esencia, pasé de ser un “hacedor” a un “facilitador” y un “multiplicador de fuerzas”.
Lo que he aprendido (y ojalá hubiera sabido antes)
Aquí os dejo algunas de las lecciones más valiosas que he sacado de esta transición y que, sin duda, me habrían ahorrado algún dolor de cabeza si las hubiera sabido desde el principio:
1. Tu valor ahora es tu juicio, no solo tu ejecución: Un Senior no es el que pica más código, sino el que sabe qué código hay que picar (y cuándo no hay que picar ninguno). Tu experiencia y criterio para tomar decisiones complejas son oro. ¿Qué arquitectura es la adecuada? ¿Qué tecnología encaja mejor? ¿Cómo resolvemos este problema de escalabilidad? Esas son las preguntas donde tu respuesta importa.
2. Aprende a delegar y confía en tu equipo: Este fue un gran reto para mí. Entiende que tu trabajo ahora es elevar a los demás. Delegar no es desentenderse; es capacitar y guiar. Acepta que los demás lo harán a su manera, y puede que no sea “tu manera”, pero eso no significa que sea incorrecta o peor. ¡A veces es mejor!
3. La comunicación es tu superpoder: No solo la comunicación técnica con otros desarrolladores, sino la capacidad de hablar con no-técnicos, de explicarles la complejidad, los riesgos y las implicaciones de las decisiones técnicas. Ser capaz de traducir los requisitos de negocio a lenguaje técnico y viceversa es fundamental.
4. Sé un mentor, no un policía de código: Las revisiones de código son para aprender y mejorar, no para señalar fallos. Ofrece feedback constructivo, explica el “por qué” detrás de tus sugerencias y empuja a tu equipo a pensar críticamente. Tu objetivo es que cada miembro del equipo sea mejor de lo que era ayer.
5. El arte de decir 'no': ¡Uff, esta es dura! Al principio, sentía la presión de decir que sí a cada funcionalidad o petición. Como Senior, se espera que seas un guardián del producto, de la calidad y del bienestar del equipo. A veces, la mejor solución es decir “no” a una funcionalidad porque no aporta valor real, porque es técnicamente inviable en ese momento, o porque comprometería demasiado el rendimiento o la mantenibilidad. Argumentar este “no” con datos y lógica es una habilidad Senior invaluable. Protege el tiempo y el enfoque del equipo.
6. Sé un arquitecto de soluciones, no solo de código: Empieza a pensar en el “cuadro grande”. ¿Cómo encaja esta pieza en el ecosistema completo? ¿Qué impacto tendrá a largo plazo? ¿Es sostenible? La visión holística es crucial.
Reflexiones finales
Convertirse en Senior no es el final del camino de aprendizaje, es el comienzo de una nueva etapa con responsabilidades diferentes y, a mi parecer, mucho más gratificantes. Es un viaje de autodescubrimiento profesional donde pasas de enfocarte en la profundidad técnica individual a la anchura del impacto en el equipo y el producto.
Si estás a punto de dar el salto o ya lo has dado y te sientes identificado con algunas de mis batallitas, quiero que sepas que es normal. Es un proceso de adaptación. No te frustres si no lo clavas a la primera. Lo importante es seguir aprendiendo, ser humilde y recordar que tu verdadero valor como Senior reside en tu capacidad para hacer crecer a otros y en tu buen juicio para tomar las decisiones correctas, incluso si eso implica decir que no a algo.
¿Y tú? ¿Qué te hubiera gustado saber a ti antes de tu primer puesto Senior? ¡Me encantaría leer vuestras experiencias en los comentarios!